Se dice cuando alguien te suelta un saludo tan efusivo y con tanto buen rollo que te deja arriba del todo, como si te hubieran enchufado energía. No es el típico hola y ya, es un recibimiento con ganas, de los que te sacan sonrisa y te hacen sentir bienvenido. Da gusto cuando te lo sueltan.

"Llegué tarde al bar y el pana de Enrique me dio un saludaco que parecía que me debía dinero, todo abrazos y palmadas."

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