Se dice cuando alguien te mete una bronca seria o te pega un repaso verbal de los que te dejan fino. No es tanto una paliza, más bien una regañina potente, de esas que te ponen en tu sitio y te quitan las ganas de hacerte el listo. Vamos, que sales escarmentado y calladito.
"Llegué a casa a las mil y mi ama me dio la raspada del siglo, que hasta el gato se escondió y yo asentía como un santo."