Nombre cariñoso y con bastante guasa que se usa en el pueblo para hablar de esos canalones o goteras eternamente averiados que escupen agua cada vez que llueve. En vez de arreglarlos, la familia ya se lo toma a cachondeo y los bautiza como chorreras, aunque por dentro estén pensando en la ruina de la reforma.
"Tía, como siga lloviendo así las chorreras del tejado van a convertir el salón en las Lagunas de Ruidera, ve sacando los barreños que esto parece ya un parque acuático cutre."