Se le dice al típico cabro que vive pegado a la caleta y a la playa, como si siempre trajera arena en los zapatos y olor a salitre. Va en plan local costero, relajado, medio surfer o pescador, y con pinta de que el sol lo conoce por nombre. No es insulto, es más bien una etiqueta con cariño.
"Oye, el José llegó otra vez con la tabla y los shorts eternos, si ese loco es chico de la caleta, vive en la orilla y ni pisa el centro."