Se dice cuando a alguien le cae un trabajo demasiado fácil o cómodo, de esos que parecen un regalo del cielo. Es como decir que está chambeando sin sudar, con horario suave y cero estrés, mientras los demás se rompen el lomo. Suele llevar un puntito de envidia sana y vacile, porque suena a suerte descarada.
"El pata se consiguió una chamba en el cielo: entra tarde, riega dos macetas, se toma su matecito y encima le pagan como gerente."