Apodo cariñoso y medio burlón para las abuelas, esas que te traen bien checado: te sueltan el sermón, te regañan por no comer y luego te consienten como si nada. Se usa con afecto, no para ofender. Muy de barrio, de familia y de cuando la abue manda más que el clima.
"No hombre, mi chamarvejas no me dejó salir sin suéter porque según ella va a refrescar. Me echó el sermón, y al rato ya me tenía barbacoa y un cafecito, bien a gusto."