Se dice cuando a alguien le da por regañarte o echarte una charla larga y pesada, como si se le hubiera recargado la energía solo para fastidiar. También vale para cuando te caen encima con críticas y no te sueltan. Muy de casa, de mamá o de jefe, y tú ahí aguantando el sermón.
"Chamo, mi mamá se me cargó las pilas porque dejé los platos en el fregadero y me soltó un regaño eterno, ni el gallo había cantado y seguía dándole."