En Ayacucho se dice cuando traes un dolor de cabeza pesado y persistente, de esos que te dejan atontado y con cara de pocos amigos. Suele salir después de una noche movida, de estar preocupado o de meterte en líos. No es comida, es resaca mental y física. Y sí, suena asqueroso, pero describe perfecto.
En Arequipa se dice caldo de cabeza cuando alguien le da mil vueltas a un tema y se raya solo, como si se estuviera cocinando el cerebro con tanta pensadera. Es preocuparse de más, armarse novelas en la cabeza y sufrir por gusto. Y hay que admitir que todos nos hemos hecho nuestro buen caldito de cabeza alguna vez.