Cuando sueltas un consejo, una queja o una indirecta y la otra persona pasa olímpicamente. Vamos, que lo que dices no sirve para nada porque entra por un oído y sale por el otro: cae en saco roto.
"Le dije cien veces que no dejara la puerta abierta por la noche, pero nada, como siempre: mis palabras caen en saco roto y luego vienen los dramas."