Se dice cuando alguien anda acelerado, hiperactivo y con una energía que no le cabe en el cuerpo, como si se hubiera metido un chute de dulce directo a la sangre. En el Valle del Cauca cuadra por lo cañero del cuento. Sirve para hablar de emoción, cafeína o pura euforia. Y sí, suena sabrosón.
"Me tomé dos tintos y me puse a bailar salsa en la sala. Quedé con azúcar en vena y mi mamá ya me quería apagar como si fuera bombillo."