Se dice cuando alguien anda inquieto, acelerado o medio pasado de revoluciones, como si el ají le estuviera subiendo y bajando por el cuerpo. No es tanto nervio fino, es más esa energía ansiosa de no poder quedarse quieto, hablar de más y dar vueltas sin parar. Bien chilena y bien gráfica.
"Oye, el Felipe anda repitiendo el ají desde que cachó que la Sole le dijo que sí. No para de caminar por la casa y manda audios eternos."