Se dice cuando alguien anda como con el Jesús en la boca, persignándose y pidiendo paro porque ya se siente en la lona. Es rezar, implorar o encomendarse por pura desesperación, normalmente cuando todo va saliendo chueco y no queda más que apelar a la suerte o a la virgencita. Muy de drama norteño.
"No hombre, con la troca echando humo y la patrulla atrás, iba andando persignado, pidiéndole a Diosito que no me pararan y que aguantara el motor tantito."