Se dice de alguien que anda acelerado, inquieto o medio atolondrado, como si trajera un changuito encima brincándole en la cabeza. Puede ser por emoción, por nervios o por andar en mil cosas a la vez. No siempre es mala onda, más bien es carrilla ligera para el que no se está quieto ni un segundo.
"Desde que lo ascendieron, Juan anda con el changuito: llegó a la oficina con la camisa al revés y le dijo licenciado al conserje. Todos muertos de risa."