Se dice cuando alguien anda con un sueño brutal y se le va la cabeza para adelante, como gallina picoteando, porque ya no da más. Es estar medio dormido, a punto de quedar frito, ya sea en clase, en el bus o en una reunión eterna. Si te miran y te da pena, es porque sí estabas cabeceando.
"Mae, en el bus iba tan hecho leña que pasé todo el camino andando cabeceando y casi me voy de jeta cuando el chofer frenó de golpe."