Se dice de alguien que anda demasiado prendido, inquieto o acelerado, como si se hubiera metido un refresco tras otro o se hubiera echado un kilo de azúcar encima. Puede ser por emoción, por nervios o porque trae pila de más. Suena muy de barrio y medio burlón, pero sin mala leche.
"No inventes, Juanito anda azucarado hoy, ya se echó tres cocas y no ha parado de hablar desde que llegó a la casa."