Se dice de alguien que anda relajadísimo, sin estrés ni apuro, como si la vida le resbalara. Va por ahí despreocupado, medio flojo o en modo "que sea lo que Dios quiera", aunque tenga cosas importantes encima. Suele llevar un toque de talla, porque a veces esa calma es pura irresponsabilidad. Y sí, da un poquito de envidia.
"El compadre anda a lo perro lanudo, se fue a tomar once y recién se acordó que hoy tenía prueba, ni el cuaderno llevó."