Se dice cuando por fin le agarrás el truco a cebar mate como corresponde: que no se lave a la segunda, que no te quede un charco y que la yerba no se te vaya toda al demonio. Vamos, que ya tenés mano y podés cebar sin que te miren con cara de juicio.
"Che, Juanito ya le agarró la mano al mate, ahora en el asado hasta mi viejo lo sienta al lado de la pava y no lo suelta."