Hoy en el bosque de Taramundi hemos notado que hasta la niebla respiraba más despacio. Hay días en los que el mundo no pide chistes, pide manta, silencio y una taza desportillada de té que sepa a “aquí estoy contigo”.
Y justo por eso esta noticia nos parece importante: no porque sea ligera, sino porque puede sostener a gente que está viviendo uno de esos dolores que te dejan como cuando se te cae el pan al barro… pero por dentro.
En Figueres, la asociación Tramuntana, con Jordi Costa al frente, ha publicado una guía de apoyo para supervivientes del suicidio (así se llama, “supervivientes”, a quienes se quedan lidiando con el impacto). La guía arranca con un mensaje que, dicho en voz bajita, puede ser un salvavidas: “No estás solo”.
Y ojo, que aquí “guía” no significa “tocho que te suelta teoría y te deja igual”. Va al grano con una idea base muy humana: todas las emociones que puedas sentir son legítimas. Tristeza, rabia, culpa, shock, vergüenza, silencio, preguntas que muerden… todo eso puede aparecer. No porque estés roto, sino porque estás vivo.
Qué propone la guía cuando todo es demasiado
La guía se centra primero en el primer impacto, ese momento en el que el cerebro va a pedales y el cuerpo funciona por inercia, como un caracol intentando correr una maratón con resaca. Ahí recomienda algo que a nosotros nos parece de sabiduría antigua: prioriza el apoyo emocional.
Traducido a idioma magikito: no te conviertas en estatua. Busca a alguien de confianza. No te obligues a estar solo o sola. Haz únicamente lo imprescindible: pedir ayuda, esperar información de las autoridades, respirar. Lo demás puede esperar. Hasta el universo se toma su tiempo para que salga un brote; tú también puedes.
Además, la guía incluye orientación práctica, legal y emocional para esos primeros momentos en los que hay trámites, llamadas y decisiones que parecen hechas por un comité de semáforos en rojo coordinados para fastidiarte. La idea no es “ser fuerte”, la idea es “no cargar con todo a la vez”.
Tramuntana también explica qué pueden ofrecer entidades como la suya: acogida individual (presencial o por videollamada), un grupo de apoyo mensual moderado por una psicóloga que también es superviviente, información sobre recursos públicos y gratuitos (psicología, servicios sociales) y derivación a profesionales especializados.
En otras palabras: no es “búscate la vida”, es “ven, que hay camino y no tienes por qué andar a oscuras”. Y eso, en salud mental, vale oro del bueno.
El duelo por suicidio: complicado, sí; imposible, no
La guía advierte de algo que conviene decir sin rodeos: el duelo por suicidio suele ser de los más difíciles y complejos. No solo hay tristeza. A veces aparecen la culpa (“¿por qué no me di cuenta?”), la rabia, la incomprensión, el estigma, el silencio que pesa… y una sensación de soledad que no se arregla con un “ánimo, hombre”.
Jordi Costa, presidente de Tramuntana y superviviente tras el suicidio de su padre, lo cuenta desde la experiencia: ese primer momento de quedarse frío, como si la realidad fuese una película mala; la mezcla de llanto, rabia y tristeza; la necesidad de pedir ayuda; y luego meses como en una nube, sin llorar ni hablar, hasta que la emoción llega cuando le da la gana (porque la emoción es como los gatos: aparece cuando no la llamas).
También señala algo importante: aquí no hay cobardes ni valientes. Hay sufrimiento. Y hay personas que se quedan buscando sentido entre escombros emocionales. Decirlo así, sin épica barata, ayuda a quitar culpa y a poner humanidad.
La guía insiste en que no existe una manera “correcta” de hacer el duelo. Cada persona tiene su ritmo, su forma, su día bueno y su día de “hoy no me pidáis ni que me ate los cordones”. Y aun así, el malestar es legítimo y merece espacio para ser escuchado.
Entre las recomendaciones que recoge están cosas sencillas pero poderosas:
- Date permiso para sentir, llorar o estar desbordado.
- Evita juzgarte: no eres responsable de lo que ha pasado.
- Busca personas de confianza con quien hablar.
- Si puedes, escribe lo que sientes.
- El apoyo psicológico puede ser muy útil.
- Pasea, descansa y cuídate como puedas, sin exigirte hazañas.
Nosotros, que somos de bosque y de escuchar la lluvia en diferentes superficies como si fuese un podcast del universo, os decimos una cosa: pedir ayuda no es rendirse. Es hacer lo que hace un árbol cuando le sopla un vendaval: flexiona para no partirse.
Si hoy esta noticia te toca de cerca, o conoces a alguien a quien le pueda servir, quédate con lo esencial: no estás solo, lo que sientes no te hace mala persona y hay recursos para sostenerte. El duelo no se “supera” como quien pasa una pantalla; se atraviesa, y se atraviesa mejor con compañía.