Hay días en los que el mundo científico parece una urraca cotilla: va, coge algo brillante de un sitio donde no te lo esperas, y de repente te lo deja en el suelo del camino como diciendo “toma, a ver qué haces con esto”. Pues hoy el brillo viene de una relación rarísima: personas que han sobrevivido a un cáncer parecen tener menos riesgo de alzhéimer. Sí, lo sabemos: suena a “¿perdón?” nivel semáforo en ámbar que te dice “métele nitro”.

Desde hace años, médicos e investigadores han observado que quienes superan un cáncer tienen una incidencia de alzhéimer entre un 10% y un 30% menor que el resto. Y no es solo porque el cáncer, por desgracia, pueda acortar la vida: incluso usando modelos que corrigen esa mayor mortalidad, la relación inversa sigue ahí, como un caracol dejando rastro plateado en la misma dirección, lento pero insistente.

Ahora, un equipo liderado por Youming Lu, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong (China), ha encontrado una pieza del puzle que huele a tierra mojada después de la lluvia: una proteína llamada cistatina C, producida por células cancerosas, podría estar metida en el asunto.

Una proteína con pinta de “llave rara”

Según el trabajo, publicado en la revista Cell, esa cistatina C llega a infiltrarse en el cerebro y, en modelos de ratón, ayuda a descomponer las placas de beta-amiloide, que son uno de los grandes sospechosos habituales del alzhéimer. Dicho en idioma bosque: si el alzhéimer fuese una senda llena de barro pegajoso, estas placas serían los pegotes que hacen que todo vaya peor… y esta proteína parece actuar como quien echa agua y frota, sin ponerse exquisito.

La beta-amiloide es una sustancia que puede acumularse formando placas en el cerebro y se asocia a la enfermedad neurodegenerativa. O sea, no es un villano de película con capa, pero sí un personaje que aparece mucho en esta historia, como ese mosquito pesado que siempre vuelve a la farola.

La gracia (y lo delicado) es que aquí no se está diciendo “el cáncer es bueno” ni “viva el drama”, ni muchísimo menos. Esto va de entender mecanismos biológicos que podrían explicar por qué ocurre esa relación estadística y, con suerte, abrir nuevas vías terapéuticas en el futuro.

En resumen: han visto en ratones que una proteína asociada a células cancerosas puede ayudar a reducir placas relacionadas con el alzhéimer. Es un hallazgo temprano, de laboratorio, pero de esos que hacen que el bosque se quede calladito un segundo, como cuando una nube con personalidad propia pasa lenta y parece que te está guiñando el ojo.