Nosotros hoy hemos olido a tierra mojada, hemos molido un café arábica con cara de lunes (o sea, de corporación malvada) y, de repente, ha llegado una noticia desde Málaga que nos ha despertado más que una farola a un mosquito: han mezclado dos fármacos y el hígado, al parecer, ha dicho “así sí”.

Que ya sabéis cómo va esto: los humanos se pasan media vida inventando reuniones que podrían ser un mensajito, y la otra media intentando que el cuerpo no acumule grasa como una urraca acumula cosas brillantes “porque sí”. Pues mira, hoy toca ciencia con buen rollo.

Lo que han hecho (sin varitas, pero casi)

Un equipo del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga y la Plataforma en Nanomedicina (Ibima Plataforma Bionand), junto con gente del Hospital Regional Universitario de Málaga y la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga, ha visto resultados “muy esperanzadores” contra dos bichos del siglo XXI: la obesidad y la enfermedad del hígado graso.

La idea es de esas que en el bosque llamaríamos “receta creativa”: combinar un medicamento ya aprobado para tratar la obesidad, la liraglutida, con una molécula nueva creada allí, llamada Olhha. Y en modelos experimentales de obesidad, esa mezcla ha logrado más reducción de peso corporal y más bajada de grasa en el hígado que cuando se usan por separado.

Según cuentan, la administración conjunta reduce de forma significativa el aumento de peso, mejora cómo funciona el hígado y corrige niveles de grasa en sangre. Vamos, que el metabolismo se pone las botas… pero en plan saludable, no en plan “me he comido una pizza irregular con peperonis cuadrados y ahora necesito una siesta-portal dimensional”.

¿Y eso del hígado graso por qué importa tanto?

El hígado graso es como cuando el bosque respira niebla: parece poético, pero si se te va de las manos, se lía. Es el primer paso hacia la esteatohepatitis (que suena a conjuro, pero es una inflamación más seria), y puede acabar en cirrosis e incluso cáncer de hígado. Por eso cualquier pista de tratamiento eficaz se mira con lupa, como los gatos callejeros cuando detectan un secreto.

Además de reducir grasa corporal, esta terapia combinada también bajó enzimas hepáticas asociadas al daño del hígado, lo que apunta a un efecto protector. Y no se quedó ahí: mejoró la tolerancia a la glucosa y los niveles de colesterol y triglicéridos, factores ligados al riesgo de diabetes y problemas cardiovasculares. O sea, un “pack” metabólico bastante apañado.

La molécula Olhha, patentada para este tipo de problemas y desarrollada en los laboratorios de Ibima, tendría capacidad de actuar en varios mecanismos a la vez de forma sinérgica (sinérgica es cuando dos cosas juntas rinden mejor, como un erizo punk y una chaqueta de cuero) y sin toxicidad, reforzando el efecto del fármaco ya conocido. También aportaría un efecto antioxidante, ayudando al hígado a defenderse del estrés y del exceso de grasa acumulada.

Ojo importante: esto es fase preclínica, todavía no es “ya está, mañana todo el mundo a celebrarlo con bocata”. El siguiente paso, dicen, es profundizar y avanzar hacia ensayos clínicos en humanos. Pero nosotros, desde Taramundi, ya estamos mirando al cielo: hoy las nubes tienen flow de “igual viene algo bueno”.