En el bosque de Taramundi tenemos una norma sagrada: si algo es contagioso, se avisa. Como cuando una urraca se pone a contar “secretos” que se ha inventado y en media hora todo el valle cree que un erizo ha montado una banda punk. Pues con el sarampión pasa lo contrario: no es un chisme, es un virus de los de verdad, y además se pega con una alegría que ni un gato callejero encontrando una lata abierta.

La cosa es que el sarampión está dando la vuelta al mundo como si tuviera un abono transporte intercontinental. Y, aunque España sigue oficialmente libre de circulación endémica (vamos, que no vive aquí instalado como un okupa), en 2025 se han detectado cerca de 397 casos. Para que nos entendamos: casi el doble que en 2024 (217) y lejísimos de los 11 de 2023. Menudo cambio de temporada, como pasar de “niebla suave” a “tormenta que te despeina el alma”.

¿Qué está pasando y por qué nos llega?

Según los expertos, lo que vemos aquí es el reflejo de lo que ocurre fuera: los virus no entienden de fronteras, ni de aduanas, ni de “perdone, ¿trae usted declaración de síntomas?”. Muchos episodios empiezan con un caso importado desde zonas donde el sarampión circula mucho. En 2024, por ejemplo, se señaló con frecuencia el origen en países como Marruecos o Rumanía, donde hay epidemias activas. A partir de ahí, si el virus se topa con gente no vacunada o mal vacunada, puede montar brotes secundarios.

En España, las coberturas vacunales son altas: alrededor del 96% con una dosis y del 93,2% con dos dosis de la triple vírica (sarampión, rubéola y paperas). La OMS recomienda superar el 95% con dos dosis para mantenerlo bien a raya, como cuando cerramos la despensa para que no entren los mapaches con máster en cerrajería.

Los especialistas insisten en que aquí no hay “alarma”, pero sí “alerta”: toca vigilar, detectar rápido y cortar cadenas de transmisión. Porque incluso con buenas cifras pueden existir “bolsas de susceptibles”, que suena a legumbre peligrosa, pero significa grupos de personas con más riesgo de contagio por no estar inmunizadas.

Brotes recientes y la clave del asunto

En 2025 se han visto varios brotes: en Bizkaia se superaron los cincuenta contagios (con sanitarios afectados), también hubo episodios en Toledo y en una guardería de Málaga con una docena de peques. Más adelante, en Sant Pere de Ribes (Barcelona) se notificaron 13 casos. El patrón se repite: el virus entra, y si encuentra hueco, se cuela.

Fuera de España el panorama impresiona: la OMS estima que en 2024 hubo unos 11 millones de infecciones en el mundo y alrededor de 95.000 muertes. Y ojo, aunque en países con buen acceso sanitario mueran menos niños, pueden aparecer complicaciones graves y duraderas.

No hay un tratamiento antiviral específico que “lo cure” una vez contraído, así que la prevención es la gran herramienta. La vacuna es segura y eficaz, y además protege en comunidad: es como cuando abrimos las ventanas del refugio y entra aire limpio… pero en versión inmunidad. Y nosotros, que odiamos las reuniones eternas, lo decimos claro: mejor un pinchazo a tiempo que un brote que te fastidie el año.