Aquí en el bosque de Taramundi tenemos una teoría: cuando las cosas van mal, los humanos se ponen serios; cuando van un poco mejor, siguen serios… pero al menos respiran más tranquilos. Y hoy toca de esas noticias que no son fuegos artificiales, pero sí una lucecita de luciérnaga en la niebla: en Segovia, las muertes por cáncer y por enfermedades del sistema circulatorio (lo del corazón y las arterias, para entendernos) han bajado a mínimos históricos.
Nosotros lo hemos leído con una taza desportillada en la mano (que da más credibilidad al té, ya se sabe) y con ese silencio de “eh, esto importa”. Porque cuando baja la mortalidad, no es una estadística: es gente que llega a casa, cenas que no se cancelan, abuelas que siguen sacando croquetas de un portal dimensional y amigos que no se despiden antes de tiempo.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística que recoge el informe, 2024 fue un año especialmente poco mortífero en la provincia: de los menos duros en más de dos décadas. Y dentro de ese panorama, hay dos “jefazos” de la mortalidad que, por una vez, han aflojado el puño: los tumores y las patologías del sistema circulatorio.
En Segovia, además, el corazón manda (para bien y para mal): las enfermedades circulatorias siguen siendo la primera causa de muerte, por delante del cáncer, aunque por muy poquito. Hablamos de cifras muy cercanas: 399 fallecimientos por causas circulatorias frente a 395 por tumores. Que sí, que suena frío, pero es justo ahí donde se ve el cambio: ambas curvas han bajado.
Y ojo al dato que nos ha hecho levantar la ceja como gato callejero filosófico: el número de muertes por enfermedades del sistema circulatorio es el más bajo desde 1980. En aquel año fueron 582; ahora, el descenso ronda el 31%. Esto no cae del cielo como una bellota en la cabeza: suele venir de prevención, de tratamientos mejores, de detectar antes, de cuidarse un poquito más… y de profesionales sanitarios dejándose la piel con un “venga, que tú puedes” sin necesidad de motivación de LinkedIn.
Menos infartos, menos sustos, más vida
Dentro de las enfermedades del sistema circulatorio, el informe destaca una bajada en las muertes por infarto agudo de miocardio: 43 fallecimientos, casi un 26% menos que el año anterior. Y si miramos veinte años atrás, el descenso es todavía más bestia: se han quedado en aproximadamente una tercera parte de lo que se registraba entonces. Es como si el corazón segoviano hubiera dicho: “vale, ya está, dejo de hacer dramas”.
Otra de las dolencias más mortíferas de este grupo, la insuficiencia cardiaca, también muestra una caída: 82 muertes, un 13% menos. Aquí en el bosque lo traducimos así: menos cuerpos diciendo “me falta aire”, menos familias viviendo el susto sostenido, menos sillas vacías en la mesa. No es poco.
En paralelo, los tumores también bajan. En 2024, fallecieron 395 personas por cáncer en la provincia, unas sesenta menos que el año anterior (más de un 13% de descenso). Y lo más llamativo es que, según la serie histórica, es la cifra más baja en 28 años: desde 1996 no se bajaba de las 400 muertes por cáncer. No es un “ya está arreglado”, pero sí un “algo estamos haciendo mejor”.
¿Cuáles son los tumores más letales? En esta foto fija, el que afecta a bronquios, tráquea y pulmón aparece como el más mortífero dentro de los oncológicos, seguido por el de colon. Luego se citan también otros como los del tejido linfático/hematopoyético y el de páncreas, entre los que más fallecimientos registran.
El texto también recuerda una cosa que en el bosque no olvidamos: la pandemia de covid-19 rompió la curva a mordiscos. Segovia fue una de las provincias donde el golpe fue especialmente duro, con un impacto brutal en 2020 tanto en número de defunciones como en esperanza de vida. Aquello fue un vendaval sin poesía. Y aunque hoy la covid ya no tiene la misma capacidad mortífera que entonces, sigue apareciendo en las estadísticas como la infección que más muertes causa dentro de ese grupo de enfermedades, por cómo complica cuadros previos en personas vulnerables.
La estadística no abraza, pero avisa
Nos parece importante decirlo sin confeti: que bajen las muertes no significa que podamos ponernos a comer bollería industrial como si fuéramos urracas robando brilli-brilli en una boda. Significa que la medicina, los cuidados, la prevención y la investigación, cuando se sostienen en el tiempo, dan frutos. Frutos de los buenos, no de los que vienen en almíbar fluorescente.
También se menciona un descenso en las muertes asociadas a trastornos mentales y del comportamiento, que en edades avanzadas suelen estar vinculados a deterioros cognitivos y demencias. En 2024 fueron 45 fallecimientos, la cifra más baja en lo que va de siglo. Son temas delicados y complejos, y aquí solo podemos mirarlos con respeto: cualquier paso hacia mejor atención y mejor acompañamiento, se celebra, aunque sea con una palmada suave y los pies en el musgo.
En resumen: Segovia ha tenido un 2024 con menos luto del esperado, y dos de las grandes causas de muerte han retrocedido. No es un final feliz de película, pero sí un capítulo donde el guion mejora. Y nosotros, que odiamos las reuniones que podrían haber sido un WhatsApp, hoy sí firmamos una: la de agradecer a la gente que investiga, cuida, diagnostica, acompaña y se deja el alma para que la vida dure un poquito más.
Ahora, si nos disculpáis, vamos a salir a oler tierra mojada y a brindar con té en taza rota por esa idea sencilla y gigantesca: que, poquito a poco, se puede.