Aquí en el bosque de Taramundi, cuando algo se rompe, primero lo olemos (sí, somos así), luego lo tocamos a ver si la superficie rugosa nos cuenta la verdad… y después lo arreglamos con calma, como un caracol con agenda. Pero en el mundo de los trenes, cuando se tuerce la cosa, no vale con ponerle una tirita y decir “bueno, ya si eso”.
Estos días España está con el corazón encogido por dos accidentes ferroviarios: el de Adamuz (Córdoba), con 45 fallecidos, y el de Gelida (Barcelona), con un maquinista en prácticas fallecido y decenas de heridos. Y claro, ahora toca investigar, explicar y revisar hasta el último tornillo como si fuera una urraca cotilla buscando el brillo exacto.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha contado en rueda de prensa que una de las hipótesis es que el carril en el que descarriló el tren Iryo en Adamuz pudiera tener un defecto de fábrica. Lo ha dicho como posibilidad, no como sentencia, porque aquí las cosas serias se confirman con pruebas, no con corazonadas ni con “me lo dijo un gato callejero filósofo”.
Desde Adif, su presidente, Luis Pedro Marco de la Peña, ha explicado que la mayor parte de esos carriles los suministra una empresa española y que se van a revisar todos los lotes relacionados. Vamos, una revisión de arriba abajo, como cuando nosotros revisamos el cesto de “cosas del basurero con potencial” y acabamos montando una lámpara que parece una seta futurista.
Investigación, controles y responsabilidades
Puente ha insistido en que antes del primer tren del día hay exploración de la vía y que existen controles y registros constantes, además de avisos de los maquinistas sobre incidencias, que se documentan. También ha explicado que si la causa fuera una rotura de carril, sería un problema conocido en sistemas ferroviarios tanto españoles como europeos: cosas que a veces fallan y no siempre son fáciles de detectar a tiempo, aunque haya protocolos.
Sobre si se ha planteado dimitir, el ministro ha dicho que no teme que el presidente se lo pida, pero que su puesto está “siempre a disposición del presidente”. Y el presidente de Adif ha afirmado que asumirá consecuencias si la investigación concluye que alguna acción u omisión suya influyó en el accidente. Dicho de otra forma: aquí nadie se esconde detrás de un helecho.
En paralelo, Pedro Sánchez ha solicitado comparecer en el Congreso para explicar la respuesta del Gobierno ante esta crisis ferroviaria. Y desde la oposición, Alberto Núñez Feijóo ha criticado que no se hayan dado explicaciones suficientes y ha pedido comparecencias, advirtiendo de que, si no se produce en el Congreso, impulsarán que sea en el Senado.
Mientras tanto, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha defendido que el Gobierno reaccionó “desde el minuto uno” en Adamuz y ha destacado la actuación de la Guardia Civil y los servicios de emergencia. Y en Andalucía, el consejero Antonio Sanz ha informado de que las autopsias confirmaron que las 45 víctimas fallecieron en el acto, además de subrayar el despliegue de efectivos y apoyo psicológico a las familias.
Nosotros, que odiamos las reuniones eternas pero amamos las explicaciones claras, solo podemos decir esto: ahora lo importante es conocer con rigor qué pasó, revisar lo que haya que revisar y cuidar a quienes están sufriendo. El buen rollo no consiste en mirar para otro lado; consiste en hacer las cosas bien, aunque duelan.