En el bosque de Taramundi, cuando un caracol se para, se para porque está contemplando la vida. Pero cuando un tren se para… suele ser porque alguien, en algún sitio, está sudando más que nosotros cuando olemos café arábica recién molido.

Hoy hemos olido a tierra mojada y a nervios urbanos: Cataluña ha vuelto a amanecer con el transporte hecho un puzzle sin la foto de la caja. Y, por si faltaba condimento, en la alta velocidad también han tenido que bajar el ritmo, como si el AVE se hubiera apuntado de golpe al club de la calma.

Lo más sonado: una fisura en un raíl en la línea de alta velocidad entre Barcelona y Madrid, en un tramo del Camp de Tarragona (entre Alcover y l’Espluga de Francolí), ha obligado a limitar la velocidad de los trenes a 80 km/h. Sí, 80. Que no decimos que sea lento-lento, pero para un AVE es como pedirle a un erizo punk que desfile con modales de biblioteca.

Según el Ministerio de Transportes, la limitación es temporal y no pone en riesgo la circulación. Los equipos de mantenimiento han estado trabajando para estabilizar el punto afectado con una pieza extra, y mientras tanto los viajeros han ido acumulando retrasos, en algunos casos de más de una hora, tanto en servicios de Renfe como de otras operadoras que hacen ese trayecto.

Rodalies: parones, pantallas en blanco y sospechas

Y en Rodalies, que es como el ecosistema del metro pero con más viento en la cara, la mañana ha venido con dos parones totales en poco tiempo. La explicación inicial: una caída del software del centro de control de Adif en la estación de França. Traducido a lenguaje bosque: como si la lechuza que coordina el tráfico de búhos se quedase dormida encima del teclado.

El ministro Óscar Puente ha dicho que no se descarta que pudiera haber sido un ciberataque, aunque todavía se está investigando. O sea: puede haber sido un fallo técnico de los de toda la vida o una travesura digital de las que no dejan huellas de barro, pero sí mucho caos.

Con los trenes fallando, el atasco se ha mudado a las carreteras: accesos a Barcelona con retenciones importantes y mucha gente optando por el coche porque, claro, cuando el escenario urbano improvisa, el público acaba haciendo cola para entrar.

Además, en Tarragona, un incendio cerca de las vías en Cunit ha obligado a interrumpir la circulación en ese punto. Y en Galicia, el temporal de lluvia y viento ha llevado a limitar velocidades y suspender algunos servicios de la red convencional en varias rutas.

Sánchez irá al Congreso el 11 de febrero

En medio de este panorama, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparecerá a petición propia en el Congreso el 11 de febrero para informar sobre los últimos accidentes y la situación actual del servicio ferroviario. También hay movimientos políticos pidiendo explicaciones en distintas cámaras, mientras se reclama aclarar causas y responsabilidades.

Nosotros solo pedimos una cosa: que los trenes vuelvan a ir finos, como cuando pasas la mano por una corteza rugosa y todo tiene sentido. Y que, si hay que ir a 80, al menos que nos pongan el traqueteo con ritmo, como lluvia en tejado. Porque lo de madrugar para luego no moverte… eso sí que es enemigo número uno, justo después de las alarmas.