En el bosque de Taramundi, cuando guardamos algo importante, lo metemos en una caja vieja que huele a recuerdos y a tierra mojada. En Marte, en cambio, lo guardan en tubos sellados como si fueran tuppers espaciales… y ahora resulta que se han quedado allí tirados, en plan “luego vuelvo”.
Porque sí: el señorito Trump ha cancelado la misión que debía traer a la Tierra las primeras muestras de suelo marciano, y en el planeta rojo se han quedado 43 tubos esperando a que alguien les haga caso. Nos imaginamos a una urraca marciana (si existe) robándolos solo porque brillan. Y, honestamente, la entenderíamos.
Lo que ha pasado (sin humo de cohete, por ahora)
El programa se llamaba Mars Sample Return (MSR), que viene a ser “devolver a casa las piedritas”, pero en versión NASA. La idea era recoger los tubitos que ha ido dejando el rover Perseverance y traerlos a la Tierra para analizarlos con laboratorios de aquí, que son como una lupa gigante con doctorado y mal humor si les cambias el presupuesto.
La cosa es que el Congreso, con el respaldo de la nueva administración, retiró a finales de 2025 la financiación necesaria y la misión se ha quedado en el aire. Y cuando algo se queda en el aire… suele acabar cayendo, como las ideas brillantes que se tienen a las 3 de la mañana después de una siesta portal-dimensional.
El motivo principal no es magia negra ni conspiración de semáforos (aunque nunca descartamos nada): es el dinero. El plan nació con unos 4.000 millones de dólares y, entre pitos, flautas y tornillos espaciales, las estimaciones internas lo subieron a más de 11.000 millones. Vamos, que empezó como “nos da para un bocata” y terminó como “necesitamos comprar la panadería entera”.
Además, se desmantela una colaboración que llevaba años cociéndose entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA). La ESA iba a encargarse del orbitador que recogería las muestras en órbita marciana para traerlas de vuelta. Era un plan bonito: tú me pasas los tubos, yo te los devuelvo, y todos contentos. Menos los presupuestos, que son como mosquitos: aparecen cuando no los llamas y te dejan picando el alma.
Los 43 tubos: el tesoro que se queda guardado
Perseverance, mientras tanto, ha estado cinco años currando como un erizo punk con casco: recogiendo, sellando y dejando todo ordenadito. De esos 43 tubos, 38 tienen rocas, polvo y sedimentos marcianos, y cinco son “tubos testigo”, que sirven para comprobar si hubo contaminación (como cuando pruebas una salsa rara con una cucharita aparte por si aquello es pecado).
Incluso dejó un pequeño “almacén” en el cráter Jezero, una fila de tubos colocados para facilitar la recogida. Una cosa finísima. Pero el plan de ir a por ellos —aterrizar cerca, lanzar un cohetín a órbita y que un orbitador europeo los pillara al vuelo— se queda en pausa. Y con la ley de presupuestos de 2026, la esperanza de que esto siga tal cual se ha quedado bastante tiritona.
En lugar del MSR, se mantiene una partida más pequeña (unos 110 millones) para un programa llamado Mars Future Missions, centrado en tecnologías para futuras misiones a Marte o la Luna. O sea: se sigue investigando, pero el “traedme las rocas” no va incluido en el menú.
Para la comunidad científica, esto duele: analizar esas muestras en la Tierra era la mejor opción para buscar indicios de vida pasada en Marte con precisión de la buena. Y encima está la carrera espacial: si Estados Unidos no las trae, otro país podría hacerlo antes. China ya tiene en marcha su misión Tianwen-3 para la próxima década.
Nosotros solo decimos una cosa: dejar 43 tubitos ahí es como esconder galletas en un árbol y olvidar el árbol. Puede que un día vuelvas… o puede que el bosque (o Marte) decida que ese tesoro ya forma parte del paisaje.