En el bosque de Taramundi, cuando un gato callejero sale disparado, nosotros ya sabemos que o ha visto un secreto… o alguien ha dicho “veterinario”. Pues en la Vía Láctea pasa algo parecido, pero con estrellas gigantes: hay estrellazas que un día estaban tan tranquilas en su barriada cósmica y, de repente, ¡zas!, van por ahí a velocidades rarunas como si el universo les hubiese puesto una alarma a las 6 de la mañana (enemigo número uno, ya lo sabéis).
El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), junto con gente sabia del ICCUB (Universidad de Barcelona) y el IEEC (Cataluña espacial, que suena a banda de techno), se ha marcado el mayor estudio observacional hasta la fecha sobre estas “estrellas fugitivas masivas” en nuestra Galaxia. Y no han ido solo a mirar si corren: también han analizado cómo giran (rotación) y si van en pareja estelar (binariedad), o sea, si son dos estrellas orbitándose como dos urracas dando vueltas alrededor de algo brillante solo por el gustito.
Qué narices es una estrella fugitiva (y por qué se pira)
Una estrella fugitiva es, básicamente, una estrella que viaja por el espacio a toda pastilla, alejándose del lugar donde nació. Y esto llevaba tiempo trayendo de cabeza a los astrónomos, que tenían dos sospechosos principales en el bosque:
- La patada de la supernova: si una estrella tiene compañera en un sistema doble y una explota como supernova, la otra puede salir despedida como si le hubieran quitado la silla en un juego de las sillas cósmico.
- El empujón gravitatorio: en cúmulos jóvenes y muy densos (muchas estrellas apiñadas), los encuentros cercanos pueden expulsar a alguna por pura dinámica, como cuando en una reunión eterna alguien dice “sinergia” y tú sales por la ventana.
Para aclarar el asunto, el equipo se apoyó en datos de Gaia, el observatorio espacial de la Agencia Espacial Europea, y en espectroscopía de alta calidad del proyecto IACOB liderado por el IAC. Analizaron 214 estrellas de tipo O, que son de las más masivas y luminosas de la Vía Láctea: auténticos focos de estadio, pero con modales de meteorito.
Lo que han descubierto (spoiler: no todas huyen igual)
Los resultados tienen más intriga que seguir el rastro plateado de un caracol sin que se dé cuenta. La mayoría de las fugitivas giran lentamente, pero las que giran rápido suelen estar relacionadas con el escenario de la supernova en sistema binario. En cambio, las estrellas que se mueven más rápido suelen ser solitarias, lo que apunta a que fueron expulsadas de cúmulos jóvenes por esas interacciones gravitacionales tipo “portazo con elegancia”.
Y aquí viene lo más curioso: casi no hay estrellas que sean a la vez muy rápidas y muy giradoras. Como si el universo dijera: “O corres o haces trompos, pero las dos cosas a la vez, no, campeón”.
Además, el equipo identificó doce sistemas binarios fugitivos, incluyendo tres binarios de rayos X de alta masa ya conocidos (de esos que pueden albergar estrellas de neutrones o agujeros negros) y otros tres que pintan como candidatos prometedores a tener agujeros negros de compañero. Vamos, que no solo corren: algunos van con una compañía que impone más que un erizo punk en un callejón.
¿Y por qué importa todo esto? Porque estas estrellas, al pirarse, esparcen elementos pesados y radiación por el medio interestelar, ayudando a moldear futuras generaciones de estrellas y planetas. Entender su origen mejora los modelos de evolución estelar, supernovas e incluso la formación de fuentes de ondas gravitacionales (que suena a “la Galaxia bailando”, pero con física seria).
Según explican desde el equipo, es el estudio más completo de este tipo en la Vía Láctea, y con futuras publicaciones de datos de Gaia se podrá tirar del hilo para reconstruir por dónde han pasado estas fugitivas y de dónde salieron. Nosotros, por si acaso, ya hemos dejado una taza desportillada mirando al cielo: por si alguna estrella pasa cerca y necesita un té auténtico antes de seguir huyendo.