En el bosque de Taramundi tenemos una regla no escrita: si una luz parpadea, puede ser una luciérnaga… o puede ser el Universo guiñándonos un ojo para vacilarnos. Pues resulta que en Tenerife han decidido tomarse ese guiño en serio, con telescopios de los que te hacen sentir pequeño, pero con dignidad.
Este enero, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha vuelto a acoger el MIT Astronomy Field Camp, que viene a ser como un campamento de verano, pero en vez de aprender a hacer nudos marineros, aprendes a domar telescopios y a leer datos como quien descifra el cotilleo más fino de las estrellas. Y sí: ya es la cuarta vez que se monta el sarao.
Nueve estudiantes del MIT (esa uni que suena a hechicería académica) se han pasado tres semanas en el Observatorio del Teide, en lo alto de Tenerife, haciendo observaciones astronómicas. Nosotros, cuando nos tiramos tres semanas mirando algo, suele ser una seta rara para ver si crece con personalidad propia… pero esto es otro nivel.
Telescopios, datos y un poquito de “¿qué es eso que brilla?”
El campamento lo coordina Michael Person, científico planetario del MIT, y esta etapa en Tenerife empezó en 2023, abriendo una nueva fase de un programa que lleva más de cuatro décadas dando guerra científica. Todo esto, además, encaja en la colaboración entre el MIT y el IAC, que llevan tiempo compartiendo proyectos y ganas de mirar hacia arriba. Por ejemplo, en la red SPECULOOS (nombre de galleta espacial, pero va de exoplanetas) y su telescopio Artemis en el propio Observatorio del Teide.
Con la tutela del personal investigador y de ingeniería del IAC y del observatorio, el grupo se ha metido de lleno en el manejo de telescopios y en el análisis de datos. Vamos, que no solo miraban: también aprendían a traducir lo que veían, como cuando intentas entender a una urraca cotilla que habla a base de “krr-krr” y brillo robado.
Y hubo visitas guiadas, que eso siempre sube el nivel de aventura: las impartieron el astrofísico divulgador Alfred Rosenberg, el investigador Pere Luis Pallé y el operador de telescopios Antonio Pimienta (nombre que nos da hambre y respeto a la vez).
La ciencia se cuenta en voz alta: resultados en la ULL
Antes de volver a su planeta de origen (o sea, el MIT), presentaron sus resultados en el Aula Magna de Física de la Universidad de La Laguna (ULL). La sesión fue un intercambio bien jugoso: nueve estudiantes del MIT alternando charlas con nueve doctorandos de la ULL-IAC. Como un partido de ping-pong intelectual, pero sin semáforos en rojo ni reuniones eternas que podrían haber sido un WhatsApp.
¿Y qué contaron? Un menú variadito, de esos que nos gustan: desde medir períodos de rotación de asteroides (familia Koronis y también cercanos a la Tierra), hasta técnicas de fotometría (que es medir brillo, pero con más matemáticas y menos romanticismo), análisis de enanas marrones ultrafrías, búsqueda de exoplanetas por tránsitos, astrometría rápida para defensa planetaria usando Python (sí, el lenguaje de programación, no una serpiente enrollada en el telescopio), cálculos orbitales de sistemas estelares y hasta imágenes de una galaxia con nombre de matrícula espacial.
En resumen: nueve mentes humanas se fueron al Teide a escuchar el silencio del cielo, que suena a infinito y a café recién molido si lo imaginas fuerte. Y luego lo compartieron con la ULL, que es como cuando encontramos un objeto perdido en el basurero y le damos una segunda vida: aquí le han dado segunda vida a la luz, convirtiéndola en conocimiento. Menudo pasote.