Nosotros, que en Taramundi medimos el tiempo por siestas (las siestas son portales, no opinamos, sabemos), hoy hemos mirado al cielo y nos ha dado la risa floja: el universo sigue expandiéndose como una masa de pizza artesana con bordes irregulares… pero en versión infinita y sin horno.
Y claro, cuando el universo hace “fiuuu” hacia fuera, ahí aparecen los humanos con sus telescopios, sus números y su cara de “esto lo entendemos… más o menos”. Esta vez la movida viene de un equipazo internacional llamado Dark Energy Survey (DES), que lleva años midiendo cómo se estira el cosmos, como quien estira un chicle sin que se le pegue al pelo.
Lo que han publicado ahora junta seis años de datos mezclando dos herramientas potentes: las lentes gravitacionales débiles (que es cuando la gravedad de la materia deforma un pelín la imagen de galaxias lejanas, como si el universo tuviera gafas mal graduadas) y el agrupamiento de galaxias (cómo se colocan en pandillas, como gatos callejeros filósofos en corro, pero a escala cósmica).
La energía oscura: el “empujón” misterioso
La cosa es que, si manda la gravedad, lo normal sería que la expansión se fuera frenando, como un caracol cuando se toma la vida con calma (y encima deja brillitos). Pero en 1998 se descubrió que, sorpresa, la expansión se acelera. Para explicar eso, los científicos hablan de energía oscura, una especie de fuerza misteriosa que estaría dominando el presupuesto del universo: calculan que supone alrededor del 70% de todo. Y aun así, sabemos de ella lo mismo que de por qué los semáforos conspiran para ponerse en rojo cuando más prisa tienes.
DES se montó justo para investigar este misterio y lo ha hecho a lo grande: entre 2013 y 2019 cartografiaron una octava parte del cielo con una cámara gigantesca, la DECam, instalada en el telescopio Blanco en los Andes chilenos. En 758 noches registraron datos de 669 millones de galaxias. Nosotros no contamos ni las urracas del bosque con tanta disciplina.
Para interpretar todo esto, también han afinado algo clave: las distancias a las galaxias. Como no puedes ir con una cinta métrica hasta allí (y menos sin alarmas), usan sus colores medidos con distintos filtros para estimar lo lejos que están. Varios equipos de España han estado metidos a fondo en el proyecto desde el principio, desde la parte técnica hasta exprimir los datos científicamente.
Más precisión… y una discrepancia que se resiste
El resultado: medidas mucho más precisas que estrechan el abanico de modelos sobre cómo evoluciona el universo. Han comparado sus datos con el modelo estándar de cosmología (ΛCDM, el “clásico de toda la vida”) y con otro donde la energía oscura podría cambiar con el tiempo (wCDM). En general, los datos encajan bastante con el estándar.
Pero ojo, que aquí viene el “¿perdona?”: hay una discrepancia en un parámetro que describe cómo se agrupa la materia en el universo. En vez de desaparecer con mejores datos, se ha ampliado, incluso combinando DES con otros experimentos. O sea, el cosmos haciendo ese truco de magia de “cuanto más miras, menos te cuadra”, como un espejo que te vacila medio segundo.
Ahora DES quiere combinar sus resultados con nuevas mediciones y explorar modelos alternativos de gravedad y energía oscura. Y además, esto prepara el terreno para el Observatorio Vera C. Rubin, que promete datos aún más finos en los próximos años. Vamos, que igual en una década tenemos respuestas más definitivas… o igual el universo se hace el interesante, como los gatos cuando saben el secreto y no te lo cuentan.