Nosotros estábamos tan tranquilos oliendo tierra mojada (ese perfume oficial del bosque) cuando nos llega una noticia que nos ha dejado más tiesos que un erizo con cresta recién peinada: han hecho la mayor fotografía de la historia. Pero no una foto de “mira qué bien salgo con el sol de cara”, no. Una foto con millones de galaxias. O sea, el álbum familiar del universo, pero sin que nadie te obligue a comentar “qué guapa estás” en cada imagen.

Y claro, en cuanto oímos “millones de galaxias”, los gatos callejeros de por aquí (filósofos con bigotes y cero paciencia) nos miraron como diciendo: “ya os lo dijimos, el mundo está lleno de secretos… y de gente rara”.

La cosa va así: en Chile, en las montañas de los Andes, está el Observatorio Rubin, colocado a 2.682 metros de altura en el Cerro Pachón. Allí arriba hay tan poca contaminación lumínica que el cielo parece recién lavado, como cuando abres la ventana por la mañana y sientes que una ventana cerrada a la luz es un insulto a la vida.

Pues en ese sitio han montado la cámara más grande del mundo (sí, la más grande: la “taza desportillada” de las cámaras, pero versión colosal). Y con sus primeras imágenes ya se puso a currar como una urraca cotilla: descubrió 2.104 asteroides nuevos. Asteroides, para entendernos, son pedruscos espaciales con mucho tiempo libre y cero intención de saludar.

Diez millones de galaxias en una sola foto

Después la cámara apuntó hacia las nebulosas Trífida y Laguna (nebulosa = nube gigante de gas y polvo, como la niebla del bosque, pero a lo bestia y sin musgo que pisar). Y aquí viene el locurote: en una única imagen han capturado unas 10 millones de galaxias. Cada galaxia con sus estrellas, sus mundos posibles y sus “aquí igual hay alguien haciendo tostadas”.

Lo más gracioso (y a la vez mareante) es que esa foto gigantesca es solo un 0,05% de lo que pretenden mapear: hablan de un plan para fotografiar un universo con hasta 20.000 millones de galaxias. Nosotros, que ya nos perdemos buscando las llaves (que claramente se van de fiesta a otra dimensión), no entendemos cómo no se les extravía alguna galaxia por el camino.

Esta barbaridad de imagen recuerda a esas joyas cósmicas que nos fue enseñando el telescopio James Webb en 2025: estrellas naciendo, supernovas explotando, agujeros negros tragando como si fueran a mojar churros en mayonesa. Pura física con sabor a “¿pero esto es real?”.

Y ojo, que el Rubin no se queda ahí: durante los próximos diez años van a mirar sobre todo el hemisferio sur para fotografiar galaxias vecinas de la Vía Láctea y entender mejor nuestro lugar en el universo. Nosotros lo resumimos así: igual no estamos solos… pero aunque lo estuviéramos, con 10 millones de galaxias en una foto, ya tienes plan para una siesta interdimensional larguísima.