Hay días en los que el bosque respira en forma de niebla y otros en los que el universo, directamente, se estira la espalda. Pues hoy la Estación Espacial Internacional (ISS) se ha pegado un estiramiento de los buenos: está más lejos de la Tierra que nunca, como quien se separa un poquito del drama para tomarse la vida con calma de caracol.

La NASA lo ha contado en redes: la ISS ha alcanzado una altitud récord de 421 kilómetros sobre la Tierra. Y nosotros, que tocamos musgo con los pies y odiamos las prisas, hemos pensado: “mira qué arte tiene subir sin montar escándalo”.

¿Qué ha pasado ahí arriba, exactamente?

Resulta que, tras el lanzamiento de una nave Dragon de SpaceX (de esas que parecen un termo futurista con ganas de aventura) para traer de vuelta a astronautas de la misión Crew-11, la estación recibió un reimpulso. Que “reimpulso” suena a empujón en el columpio, pero en versión cósmica: un ajuste que ayuda a mantener la órbita.

Ese empujoncito es importante porque la atmósfera, aunque ahí arriba sea finita como una excusa mala, sigue frenando un poco a la ISS. La NASA explica que estos reimpulsos sirven para contrarrestar la resistencia atmosférica y dejar la estación perfectamente colocada para sus operaciones y para las naves que van de visita. Vamos, como cuando ordenamos la cabaña para que no parezca que han pasado tres urracas cotillas buscando cosas brillantes.

Lo normal es que la ISS orbite a unos 402 kilómetros de altitud, así que este salto a 421 km es un “me he puesto mis mejores botas” espacial. Y no: no significa que esté huyendo de nosotros. Es mantenimiento orbital, pero con récord incluido, que siempre queda elegante en la vitrina.

La despedida ya tiene fecha: 2030

La otra cara de la moneda (que aquí la moneda sería una piedra de río lisita, porque el dinero nos da un poco de risa) es que la ISS tiene fecha de retirada: 2030. Lleva en órbita y con gente viviendo dentro desde el 2 de noviembre de 2000, que es un “cumpledía” larguísimo.

Cuando llegue el momento, la NASA planea dejarla sin astronautas y guiar su reentrada para que se queme en gran parte en la atmósfera y caiga hacia una zona remota del Pacífico Sur llamada Punto Nemo. Suena a personaje de novela, pero es un lugar real: un rincón del océano tan apartado que casi da yuyu de lo vacío que está.

¿Y por qué se retira? Porque la estación ya muestra señales de envejecimiento: en los módulos más antiguos se han detectado fugas de aire y pequeñas fisuras. Además, sus materiales llevan años soportando cambios térmicos brutales, microimpactos, vibraciones, radiación y el estrés constante de trabajar ahí arriba. Vamos, que ni la taza desportillada más auténtica aguanta eternamente sin un descansito.

Mientras tanto, ahí sigue la ISS: girando, currando y ahora, por un ratito, un pelín más lejos… como una nube con personalidad propia que hoy ha decidido ponerse en modo “altitud premium”.