En el bosque de Taramundi tenemos una norma sagrada: si hace frío, se hace una siesta más larga y se abraza a un tronco (que da calor emocional). Pero ahí fuera, en las ciudades-escenario donde la gente actúa su vida, el frío no solo congela orejas: también calienta el recibo de la luz. Y eso, amigos, es el tipo de magia que no nos gusta.

Resulta que en enero ya van ocho días con el mercado mayorista de la electricidad por encima de 100 €/MWh. Traducido a idioma de gato callejero (que son filósofos): que la electricidad está saliendo carilla y se nota especialmente en quienes están en la tarifa regulada, la famosa PVPC. Y ojo, que si esto se alarga, también puede acabar salpicando a contratos del mercado libre, porque cuando el mercado se pone nervioso, no distingue entre bigotes.

¿Y por qué se ha puesto nervioso? Pues porque el mundo humano tiene esa costumbre rarísima de convertir cualquier conversación en un pulso geopolítico, como si fueran dos erizos punks chocando cuernos. En las últimas semanas ha habido mucha intensidad internacional, y las idas y venidas sobre la soberanía de Groenlandia (sí, esa isla que suena a helado de menta pero es un tema muy serio) han contribuido a empujar el precio del gas hasta el entorno de los 40 €/MWh. Para que se entienda: diciembre de 2025 acabó por debajo de 30 €/MWh. Menudo salto, como caracol con prisa (que eso no existe, pero ya nos entendéis).

Cuando aprieta el frío, manda el gas

Además del culebrón groenlandés, está el protagonista que nunca falla: el frío. Se esperan bajas temperaturas los próximos días, y eso suele significar más demanda de gas para calefacción. Y cuando sube la demanda, el precio se pone digno, se ajusta el chaleco y dice: “hasta aquí hemos llegado”.

Esto importa también por cómo se produce la electricidad. Cuando entran en juego los ciclos combinados (centrales que usan gas para generar electricidad), el gas influye mucho en el precio final. Es como cuando nosotros hacemos una pizza con masa irregular: si se nos acaba el queso bueno, la cosa se nota. Pues aquí, si el gas está caro, la luz lo refleja.

Lo que viene: mercado en modo “defensivo”

Según previsiones del mercado, la “calma técnica” se ha terminado y entramos en una etapa de alerta por el desplome del termómetro. En la consultora Tempos Energía señalan que si el invierno se endurece, el gas podría escalar hacia 45-50 €/MWh, y eso podría empujar en febrero la electricidad hacia 105 €/MWh.

El analista Antonio Aceituno lo resume sin dramatismo pero con claridad: no sería una crisis, pero sí un mercado “defensivo”, caro y muy sensible a cualquier cosa. Vamos, como un gato cuando oye abrir una lata: reacciona al milímetro.

El detonante principal sería el clima: se esperan temperaturas entre 2 y 4 ºC por debajo de la media en Europa central, con una Alemania que podría rondar los -3 ºC. Y las reservas de gas bajan al 54-55%, con extracciones alrededor de 930 millones de m³ diarios. No significa escasez, dicen, pero sí menos margen de error. O sea: menos “colchón” y más nervio.

Nosotros, por si acaso, ya hemos puesto a las luciérnagas de guardia y hemos sacado las tazas desportilladas: el té sabe más auténtico cuando el mundo se pone caro. Y si veis una urraca, contadle un bulo simpático: igual distrae al universo y se relaja el contador.