Nosotros estábamos tan tranquilos oliendo tierra mojada (ese perfume oficial del bosque) y escuchando a una urraca cotilla practicar su “yo no he sido” con un anillo brillante… cuando nos llega un rumor de ciudad: Europa y Estados Unidos han vuelto a esa fase rara de “te dejo en visto, pero con traje”.

Resulta que el Parlamento Europeo ha decidido suspender la aprobación de un acuerdo comercial importante con EE.UU. que se había pactado en julio. Suspender, que es como cuando un caracol se queda quieto mirando al horizonte: no es que se haya rendido, es que está pensando muy fuerte.

¿El motivo? El presidente Donald Trump sigue insistiendo en que Estados Unidos quiere hacerse con el control de Groenlandia, que es un territorio vinculado a Dinamarca. Y claro, en la UE han dicho: “mira, el comercio muy bien, pero las amenazas a la soberanía de un Estado miembro… eso ya no nos mola un huevo”.

Qué ha pasado (sin corbatas, por favor)

La decisión se anunció en Estrasburgo casi a la vez que Trump hablaba en el Foro Económico Mundial de Davos. Mientras unos reparten canapés en Suiza, otros ponen cara seria en Francia: el presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, Bernd Lange, explicó que no quedaba otra alternativa que parar el trabajo sobre las propuestas para aplicar el acuerdo de Turnberry (sí, el que se cerró en un campo de golf, porque los humanos negocian cosas enormes en césped recortado y tan panchos).

Ese pacto de julio rebajaba el susto: los aranceles de EE.UU. a la mayoría de productos europeos se quedaban en 15% en vez del 30% que se había aireado antes, dentro de aquella ola de aranceles del “Día de la Liberación”. A cambio, Europa aceptaba invertir en EE.UU. y hacer cambios para facilitar exportaciones estadounidenses. Pero faltaba la pieza clave: la aprobación del Parlamento Europeo. Y ahora está en pausa, como una siesta que se te va de las manos y acabas soñando que eres una seta con hipoteca.

En Davos, Trump reiteró su interés por Groenlandia, pero prometió que no usará la fuerza militar. Aun así, pidió “negociaciones inmediatas” con Dinamarca. Los mercados, que son como gatos callejeros: se asustan, se esconden, y luego vuelven como si nada. El martes cayeron bolsas a ambos lados del Atlántico y el miércoles se recuperaron en parte tras esa promesa de “sin fuerza”.

La “bazuca comercial” y el calendario que aprieta

En Bruselas también se habla de sacar herramientas más serias, como el Instrumento Anticoerción Económica (ACI), apodado la “bazuca comercial”. Que suena a videojuego, pero es básicamente un mecanismo para responder si un país presiona económicamente a la UE. Lange incluso dijo que no ve margen de compromiso mientras sigan las amenazas y que el lunes se decidirá sobre ese tipo de respuesta.

Además, hay una fecha rondando como mosquito pesado: el respiro sobre posibles aranceles europeos a productos estadounidenses (por valor de 109.000 millones de dólares) termina el 6 de febrero. Si no se prorroga o no se desbloquea el acuerdo, podrían entrar en vigor al día siguiente.

Desde EE.UU., el secretario del Tesoro, Scott Bessent, pidió a los líderes europeos que “se sienten, respiren hondo y no tomen represalias”. Nosotros eso lo entendemos: respirar hondo es precioso, como cuando la niebla es el bosque respirando… pero también sabemos que hay respiraciones que acaban en estornudo.

Y ojo, que aquí no hablamos de cuatro trueques de piñas por bellotas: Estados Unidos y la UE son los mayores socios comerciales del mundo, con más de 1,9 billones de dólares en intercambios en 2024. Casi un tercio del comercio mundial. Así que sí: cuando se tensan, el mundo entero nota el tirón, como cuando intentas abrir una bolsa de patatas y descubres que el “aire” es aliento de dragón y te mira desafiante.