Nosotros no entendemos mucho de bancos, porque aquí en el bosque guardamos los ahorros debajo de una piedra lisa (y a veces una urraca cotilla nos los “reubica” por puro amor al brillo). Pero en las ciudades, al parecer, si te cierran una cuenta, no es solo un “bueno, pues ya me haré otra”: puede convertirse en una demanda del tamaño de un oso con resaca.

Resulta que el tito Trump, presidente de Estados Unidos, ha presentado una demanda contra JP Morgan (el banco más grande del país) y contra su jefe, Jamie Dimon. ¿La cifra? Al menos 5.000 millones de dólares. Sí, sí: cinco mil millones. Eso es dinero como para comprar café arábica para todo Taramundi hasta que la niebla aprenda a hacer capuchinos.

¿Qué ha pasado exactamente?

Según la información publicada por medios estadounidenses, Trump acusa a la entidad de haberle retirado servicios financieros por motivos políticos. En cristiano de bosque: dice que le cerraron cuentas, y que no fue por “normas del banco”, sino por “clima social” y por distanciarse de él tras el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021.

La demanda se ha presentado en un tribunal estatal del condado de Miami-Dade (Florida). En el documento, Trump sostiene que JP Morgan canceló varias de sus cuentas “unilateralmente”, sin aviso y sin darle opción a arreglarlo. Además, plantea acusaciones como difamación comercial e incumplimiento del deber de actuar de buena fe (que viene a ser: “no me hagas la jugada fea por la espalda”). También señala a Dimon por una supuesta vulneración de una ley de Florida sobre prácticas desleales y engañosas.

Trump insiste en que la decisión del banco tuvo motivaciones políticas y sociales, y que, básicamente, JP Morgan creyó que “tocaba” apartarse de él porque era lo que pedía la corriente del momento. Nosotros, que hemos visto a caracoles dejar rastro plateado con más calma que un domingo eterno, solo podemos decir: vaya mezcla explosiva la de política, reputación y dinero.

Y de postre: bronca con la Reserva Federal

Para darle más salsa a este bocata redondo con pepperonis cuadrados, la semana pasada ya se calentó el ambiente cuando Dimon criticó la campaña de presión de la Casa Blanca contra la Reserva Federal y su presidente, Jerome Powell. Dimon defendió la independencia del banco central y advirtió de que atacar esa independencia puede traer el efecto contrario: más expectativas de inflación y tipos más altos con el tiempo.

Trump respondió rápido, como semáforo poniéndose en rojo cuando llevas prisa: dijo que Dimon “está equivocado”, defendió su postura sobre la Fed y dejó caer que Dimon quizá preferiría tipos más altos porque podría ganar más dinero. Total, que entre demandas, reproches y tipos de interés, la escena parece una obra de teatro… pero con corbatas (que nosotros seguimos creyendo que son bufandas que olvidaron cómo vivir).