Nosotros, que medimos el tiempo en siestas y en olor a tierra mojada, hemos notado que este enero la gripe está haciendo una cosa muy de gato callejero: aparece, se deja ver un poquito… y luego se queda ahí, mirándote desde una esquina como diciendo “igual vuelvo, igual no”.
Y claro, cuando el bosque huele a café arábica recién molido y a hierba recién cortada, uno quiere paz. Pero resulta que la temporada de gripe 2025-2026 en España está siendo de esas “atípicas”, que es una palabra finísima para decir: “esto no está yendo como siempre y nos tiene con la ceja levantada”.
Según explica Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (URJC) y miembro de GRIPEXPERT, la incidencia bajó fuerte tras la primera ola, pero ahora esa bajada se está ralentizando. Vamos, como un caracol cuando encuentra una zona de musgo espectacular: frena, se recrea y deja rastro plateado con toda la calma del mundo.
¿Significa eso que viene un pico sorpresa? El experto dice que estamos en un “impasse” (que suena a hechizo, pero es un “estamos en pausa sin fiarnos del todo”) y que no se puede descartar algún repunte, aunque no se espera una subida enorme como para ponerse a correr como humano cuando caen dos gotas.
La vacuna sigue abierta: hasta final de enero
Aquí viene el recordatorio con buen rollo: la vacunación sigue disponible durante enero. O sea, que si alguien no se ha vacunado y quiere hacerlo, todavía está a tiempo. Como cuando encuentras una taza desportillada en el basurero y dices: “tú y yo aún tenemos vida por delante”.
Este año, además, parece que la gente se ha animado más, sobre todo en grupos de riesgo. ¿Por qué? Porque diciembre vino con bastante incidencia y, en algunas comunidades autónomas, se pusieron las pilas reforzando mensajes. Y cuando se insiste bien (sin bronca, sin chapa), la población responde. En el artículo se menciona que Andalucía y la Comunidad de Madrid han mejorado notablemente sus tasas respecto a campañas anteriores.
En mayores, el asunto se pone especialmente interesante: se han usado vacunas “mejoradas” (de inmunogenicidad aumentada y de alta carga, dicho en humano: versiones más potentes para que el cuerpo se entere mejor). Según Gil, estas vacunas protegen mejor incluso aunque no estén diseñadas específicamente para la variante predominante, la famosa variante K.
Los datos que maneja el experto apuntan a que con coberturas del 60% se podría reducir hasta un 50% las hospitalizaciones y las muertes en población mayor. Y ojo al dato, que aquí nos hemos quedado más quietos que una urraca mirando algo brillante: si se supera el 75% de vacunación, el efecto preventivo podría llegar hasta el 80% en mayores.
El punto flojo: los sanitarios
Donde todavía hay margen, y del grande, es en la vacunación de los profesionales sanitarios. Gil señala que la cobertura sigue siendo baja en todas las comunidades. Y deja una idea que en el bosque entendemos perfectamente: funciona mejor invitar con buen rollo que señalar con el dedo. Vamos, que decir “la vacuna está disponible y protege” suele abrir más puertas que soltar un “¿por qué no te vacunas?”.
La lección de esta temporada, con la variante K haciendo de niebla misteriosa, es clara: cada año la gripe puede comportarse distinto, así que conviene no caer en la rutina. Las vacunas actuales, además, son mucho más seguras y efectivas que las de hace décadas, aunque a veces la gente se quede con recuerdos antiguos, como esos objetos viejos que guardan historias (pero que no siempre describen el presente).
En resumen: la gripe baja, pero no termina de irse; puede haber algún repunte; y la vacunación, especialmente en mayores y personas de riesgo, sigue siendo la herramienta clave. Nosotros lo vemos como con los semáforos conspiranoicos: no hace falta entrar en pánico, pero sí conviene ir con cabeza… y con el abrigo bien cerrado.