Se dice cuando alguien tiene que esforzarse a lo bestia para conseguir algo, como si literalmente tuviera que subir un cerro a puro ñeque. Sirve para hablar de trámites eternos, favores imposibles o situaciones llenas de cachos y vueltas. No es que sea heroico, es que la vida se pone pesada y toca aperrar.
En Durango se usa para decir que alguien se va al cerro a caminar, pistear o simplemente desaparecer un rato del ruido y del estrés. Es como desconectarse del mundo y respirar aire fresco, ya sea con la raza o en solitario. Suena muy de aventura, aunque a veces solo sea ir a echar chisme y ver el atardecer.