Se dice cuando alguien está tan nervioso o asustado que le tiembla todo el cuerpo, como si fuera una gelatina recién servida. Vale para sustos, regaños, exámenes o cuando te toca hablar en público y sientes que las piernas no te responden. Es bien gráfica y exagerada, de esas que pintan la escena solita.
"Parce, cuando el profe me paró en la pizarra y me preguntó los verbos, yo estaba temblando como gelatina, con las manos sudadas y la mente en blanco."