Dícese de una persona pesada, molesta o que aburre más que un sermón en latín. También puede referirse a alguien que monta mucho escándalo innecesario.
Además del típico explosivo festivo de Fallas, se usa para llamar petardo a alguien muy aburrido, pesado o que cansa con sus historias eternas. Es esa persona que habla y habla y tú solo miras el reloj pensando en huir. Un poco cruel, pero hay que admitir que a veces se queda muy a gusto.