Se dice cuando alguien se viene arriba y se marca una jugada o una hazaña de las que dejan al personal con la boca abierta. Vamos, que lo peta fuerte y encima con orgullo, como para ponerse la montera y dar la vuelta de honor. Muy de chigre y de vacilar con gracia.
"En el chigre, Javi se arrancó con un solo de guitarra y pegó la montera, hasta el del pincho de tortilla se quedó mirando con la sidra a medio escanciar."