Se suelta cuando alguien vende humo a lo grande, promete el oro y el moro, pero a la hora de la verdad no pone un peso ni cumple. La lana es la guita, la plata, lo que falta para que la promesa se haga realidad. Ideal para pinchar al chamuyero de turno sin insultar.
"El Nico juró que caía con asado, birras y postre, pero apareció con dos galletitas. Mucha promesa, poca lana, y nosotros cenando fideos de nuevo."