Designa a esa persona que siempre adopta el desafío más ridículo o irrazonable solo por la emoción, como intentar enseñarles a burros a jugar al ajedrez. En catalán es común verlo como el término autodeclarado 'entertainer'.
Refiere a esa persona insistente que nunca acepta un 'no' por respuesta, como los burros que siguen empujando aunque la carreta se atore; aplica especialmente en el contexto desafiante de convencer al grupo para liarse un martes cualquiera.
En los cerros de Valparaíso, es el término para describir a aquellos que llevan las mochilas cargadas de sorpresa en sus excursiones urbanas; misterios ocultos como barajas mágicas, ungüentos místicos o recetas para el mejor anticucho post-parranda.
En el jolgorio peruano, se trata del amigo o amiga que insiste en hacer todos los brindis posibles hasta que logran llenar a todos como si fueran burros borrachos de alegría, llevando el límite de resistencia del grupo.
Alguien que se las ingenia para crear soluciones absurdamente complicadas a problemas simples, cual burro sacando un móvil mientras carga una mula ahogándose en tareas simples.
En Tolima se usa para referirse de forma muy coloquial a una persona terca, intensa o que siempre está metida en todo, casi siempre en tono de recocha entre amigos. Puede sonar medio burlesco, así que mejor usarlo con gente de confianza que sepa que es cariño disfrazado de vacile. Es de esas palabras que solo con oírla ya da risa.