Se dice cuando alguien está inquieto, nervioso o con el runrún en el cuerpo y no consigue estarse quieto ni un minuto. Es como tener la cabeza a mil y las manos también, dando vueltas por casa sin saber ni qué buscas. Suena un pelín más tradicional, pero en Navarra se entiende perfecto y queda fino.
"Ayer Mikel estaba sin sosiego con el partido, se levantaba cada dos minutos, gritaba al árbitro y al final hasta el gato se piró a dormir donde el vecino."