Se usa para decir que alguien está bien borracho, que ya no coordina ni las ideas ni las piernas y anda con la cabeza como si le estuvieran dando martillazos. Es ese punto en el que habla raro, se ríe por todo y al día siguiente no se acuerda de nada. Y sí, el nombrecito le queda perfecto.
En Risaralda se dice estar martillado cuando alguien está borracho a otro nivel, ya pasado de tragos y sin mucha coordinación. Es como si el guaro le hubiera dado en la cabeza a punta de martillo y ya no carburara bien. Es una expresión muy de parche, medio burlesca, pero con ese cariño paisa para vacilar al amigo.