Se usa para describir a alguien tan terco que no entra en razón ni a punta de sermones, regaños ni dramas familiares. Es esa persona que se emperra con una idea y no la suelta aunque todo el barrio le diga que está equivocada. A veces hace gracia, pero también dan ganas de darle un sacudón a ver si se ablanda un poquito.
Se dice cuando estás reventado, sin fuerzas, como si te hubieran pasado por encima y te quedaras tieso en el sofá. Es ese cansancio de no querer ni hablar, solo existir. Ojo, según el contexto también puede sonar a estar muy dormido o medio atontado. Vamos, que hoy no rindes ni a la de tres.