En Tolima se usa para decir que alguien está en un estado de relajación brutal, bien echado y sin una sola preocupación en la cabeza. Es como cuando te pega el sopor del almuerzo, te tiras a la hamaca y el mundo puede explotar que tú ni te enteras. La expresión suena tierna, pero en verdad es puro goce costeñito interiorano.
En la selva peruana se suelta para decir que alguien está sudando a lo bestia, empapado, chorreando como si lo hubieran exprimido. Es la típica frase cuando el calor de Iquitos te pega duro y ya no sabes si eres persona o una fruta en licuadora. Muy gráfica y bien de calle.