Se dice cuando alguien se avienta un texto larguísimo, bien enredado y sin ir al grano, nomás para marearte y que no le reclames nada. Es como echar verbo por deporte, pero en versión escrita. Muy útil para detectar excusas, tareas infladas y mensajes eternos que no dicen absolutamente nada.
"Güey, Juan me mandó un párrafo gigante para justificar la tardanza y fue puro choro mareador. Le pregunté si venía o no y me contestó con otro testamento."