Se usa cuando alguien decide cerrar su negocio pequeño, tiendita o proyecto porque ya no da para más, ya sea por deudas, falta de clientes o puro cansancio. Es como rendirse con el local y pasar la estafeta. Suena medio triste, pero también es alivio de ya no seguir sufriendo con el changarro.
"No manches, con la renta por las nubes y los proveedores encima, mi tío mejor entregó el changarrito y ahora anda de godín en una oficina bien fresona."