Se dice cuando te vas a echar una cabezadita corta, de esas que te dejan nuevo sin meterte en una siesta de dos horas. Es una pausa rápida para recargar pilas, normalmente después de comer o cuando el cuerpo ya te está pidiendo tregua. Suena muy de pueblo y tiene ese puntito tierno.
"Después del cocido leonés y dos cachos de pan, me tumbo diez minutillos a echarme un pajarico y luego ya seguimos con la ruta, que si no reviento."