Se dice cuando a alguien le agarra un antojo brutal por algo y se le va la vida en eso, casi como obsesión momentánea. Puede ser por comida, por una rumba, por una jeva o por cualquier plan que te tenga prendido. Es bien de calle y suena a que ya estás decidido, cueste lo que cueste.
"En la rumba, Luis le echó camella a las empanadas y no paró hasta que se bajó como cinco, todo sudado y feliz."