Se dice cuando alguien se pega una currada brutal y acaba reventado, como si se dejara las entrañas en el intento. Vale para estudiar, trabajar, entrenar o lo que sea, siempre que haya sudor y sufrimiento de por medio. Suena un pelín exagerado, pero justo por eso tiene gracia y se entiende al vuelo.
"Ayer me dejé los higadillos con la mudanza, subiendo cajas a un cuarto sin ascensor, y encima el colega apareció con una bolsa de patatas."