Se dice cuando te toca quedarte en casa, echándole ojo al hogar, a los morros o al negocio, mientras los demás andan de pata de perro. No es que seas el más hogareño, es que te tocó guardia. Muy del norte, con ese sabor de rancho aunque vivas en plena ciudad.
"Compadre, hoy no jalo a la peda, me toca cuidar el rancho porque mis jefes se fueron al baile y dejé al perro de guardia."